Los jóvenes y jubilados representan la franja etaria más afectada por el fuerte aumento de los índices de morosidad desde diciembre pasado en la mayoría de las tarjetas de crédito y los créditos bancarios. El deterioro del crédito familiar se disparó debido a salarios rezagados y al uso de financiamiento para cubrir gastos corrientes
La mora en créditos a las familias está en niveles elevados históricos. Aunque las tasas de interés están en baja, los altos niveles de endeudamiento provocaron un deterioro récord, especialmente en el sector no bancario (fintechs y tarjetas).
Hay preocupación en el Gobierno nacional y los bancos públicos, privados y provinciales, así como en las empresas dueñas de billeteras digitales, por la morosidad bancaria y no bancaria.
En los primeros meses de 2026, según cálculos de la consultora 1816, la irregularidad en la financiación con tarjetas de crédito a familias llegó al 11%. Esto representa el mayor nivel desde la crisis de 2001-2002. En tanto, en el sector no bancario las cifras rondan el 25%, y el impacto más fuerte se da en muchos jóvenes y jubilados.
Ante este golpe, los deudores acumulan intereses moratorios y punitorios, junto a reportes negativos en las centrales de riesgo y posibles acciones legales, como embargos, que los bancos podrían realizar sobre sus clientes.
El efecto del sobreendeudamiento de seis meses atrás
En relación con este problema, la consultora Qaly elaboró un análisis econométrico construido sobre datos del BCRA, donde identifica al sobreendeudamiento de seis meses atrás como el principal predictor de la irregularidad crediticia que se observa en la actualidad.
En préstamos personales, el deterioro fue más pronunciado: del 4,3% al 13,8% en el mismo período. En tarjetas de crédito, del 1,8% al 11,6%.
En cuanto a lo no bancario ( fintech, billeteras digitales y financieras de consumo) llegan a triplicar los niveles del sistema bancario tradicional, con tasas de mora que superan el 30% en varios casos.
“Son números que señalan algo más que una mala racha. De acuerdo con nuestro análisis construido sobre datos del sistema financiero, se ofrece una explicación estructural: el principal predictor estadístico de la mora actual no es la inflación del momento, ni el nivel de actividad económica, sino el nivel de endeudamiento de seis meses atrás“, explicó la directora de Qaly, Anastasia Decish.
Del deterioro de los ingresos a la caída del poder adquisitivo
“El modelo identifica un proceso en dos fases. En la primera, el deterioro del ingreso real empujó a las familias a utilizar el crédito como sustituto parcial del salario. El ajuste fiscal y monetario de los últimos dos años generó una fuerte caída inicial del poder adquisitivo: hacia principios de 2026, el salario real registrado se encontraba todavía cerca de un 9% por debajo de sus niveles de noviembre de 2023”, explicó Decish.
Revelan que el ajuste del gasto de las familias fue parcial, ya que una parte importante de los egresos de los hogares es inelástica (en economía esto significa que cuando la cantidad que la gente compra apenas cambia aunque el precio suba o baje).
O sea, los gastos en transporte, energía, salud, educación y alquiler no pueden eliminarse aunque el ingreso caiga. La actualización de tarifas por encima de la inflación general potenció ese efecto, reduciendo el margen disponible para honrar deudas”.
Cuando los créditos solo empeoran la realidad de las economías familiares
De este análisis económico surge que el crédito es un instrumento clásico de reactivación económica. Sin embargo en este contexto para la la economía local su efectividad en el corto plazo está severamente limitada. Y estas son las razones:
Primero porque las familias ya están sobreendeudadas y, si se amplía la oferta de crédito sobre una base deteriorada, se profundizaría el problema. Y segundo porque el sistema bancario endureció sus criterios.
Una Encuesta de Condiciones Crediticias del BCRA del primer trimestre de 2026 confirma ese endurecimiento y registra una menor demanda de las familias.Esto generó un feedback negativo sistémico: una mayor mora implica una mayor cautela bancaria, lo que a su vez produce una restricción del crédito y, luego, un menor consumo y nivel de actividad.
Y el tercer motivo es que escasea el el ahorro de mediano y largo plazo, que es condición necesaria para que los bancos puedan financiar proyectos de mayor plazo.
Con estas variables negativas a la vista, una reducción de las tasas nominales o lanzar líneas específicas de crédito podría tener efectos precarios, aunque no recompone un mercado crediticio estructuralmente débil.

