Un informe del Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV) advierte que las jubilaciones todavía no lograron recuperar el poder adquisitivo que tenían antes de diciembre de 2023, y que esa pérdida de capacidad de compra obligó a una parte importante de los adultos mayores a buscar nuevas fuentes de ingresos. Entre el cuarto trimestre de 2023 y el primero de 2026, unas 27.000 personas mayores de 65 años se incorporaron al mercado laboral, mientras que la cantidad de adultos mayores endeudados con proveedores no financieros de crédito alcanzó los 1.346.000 en febrero de 2026.
El documento, elaborado por Augusto Trevisan, Angelo Vergara y Agustín Romero, analiza la evolución de los haberes previsionales, la cobertura del sistema, las fuentes de financiamiento y las condiciones económicas de la población adulta mayor. Los autores plantean que la sostenibilidad del sistema no debería evaluarse exclusivamente desde el resultado fiscal, sino también por su capacidad para garantizar una cobertura amplia y prestaciones suficientes que permitan preservar condiciones de vida adecuadas durante la vejez.
La pérdida de poder adquisitivo y sus consecuencias
El informe identifica tres etapas en la evolución de los haberes: una recuperación sostenida entre 2009 y 2015, un período de deterioro gradual entre 2016 y 2023 y una caída abrupta del poder adquisitivo desde diciembre de 2023, seguida por una recuperación que, según los autores, no permitió retornar a los niveles anteriores. En esa última etapa se concentra el impacto de la política económica del gobierno de Javier Milei, ya que la inflación registrada durante los primeros meses de su gestión provocó un fuerte deterioro del ingreso real de los jubilados, y la actualización posterior de los haberes no logró recuperar completamente la capacidad de compra perdida.

Este fenómeno no se limita a una discusión sobre porcentajes de movilidad, sino que se traduce en la necesidad concreta de buscar otras fuentes de ingresos. La pérdida de poder adquisitivo impactó con mayor crudeza en las prestaciones previsionales y llevó a una parte de los adultos mayores a complementar sus ingresos mediante el trabajo y, en otros casos, a través de créditos destinados a cubrir gastos cotidianos.
El informe también destaca que la modificación del régimen previsional durante los últimos años tuvo como antecedente una expansión significativa de la cobertura, ya que entre 2001 y 2026 la cantidad de beneficiarios pasó de aproximadamente 3.037.087 a más de 6.240.358. Este crecimiento se vincula con los distintos regímenes de moratoria, que permitieron incorporar a personas que no habían logrado reunir los años de aportes exigidos por el régimen contributivo tradicional, y funcionaron como un mecanismo de compensación ante las dificultades para completar los aportes requeridos.
El retorno al mercado laboral
El informe identifica un aumento de la participación laboral de los adultos mayores como una de las principales consecuencias del deterioro de los haberes. Entre el cuarto trimestre de 2023 y el primer trimestre de 2026, la cantidad de personas ocupadas de más de 65 años creció un 4,5 por ciento, lo que representa unos 27.000 adultos mayores adicionales en el mercado laboral. Los autores sostienen que este incremento no debe interpretarse como una elección vinculada con la realización personal o el envejecimiento activo, sino como una respuesta forzada al deterioro de los ingresos previsionales.
El retorno al mercado laboral se produce, en buena medida, fuera del empleo registrado y sin las condiciones de protección que caracterizan a una relación laboral formal. La informalidad general de la economía se mantiene alrededor del 40 por ciento de los ocupados, pero entre los mayores de 65 años los registros son considerablemente más elevados, lo que agrava la vulnerabilidad de este grupo etario.
Las desigualdades de género en la informalidad
La situación es particularmente marcada entre las mujeres, ya que la tasa de informalidad laboral de las mayores de 65 años superó el 60 por ciento en distintos períodos y llegó al 61,6 por ciento en el cuarto trimestre de 2025, frente al 39,2 por ciento registrado entre las mujeres de 30 a 64 años. El informe vincula esa diferencia con las trayectorias laborales discontinuas, la desigual distribución de las tareas de cuidado no remuneradas y una mayor inserción en actividades de baja productividad y menor protección social.
Entre los varones mayores de 65 años también se observa un deterioro, ya que la informalidad pasó del 43,5 por ciento en el cuarto trimestre de 2023 al 55,6 por ciento en el mismo período de 2025, un incremento de 12,1 puntos porcentuales. Al cierre de 2025, más de la mitad de los hombres mayores de 65 años que permanecían activos trabajaba en condiciones informales, mientras que entre los varones de 30 a 64 años la informalidad era del 36,3 por ciento.
La consecuencia es que una parte de los adultos mayores que vuelve a trabajar para compensar la pérdida de ingresos lo hace en un mercado donde tiene menos protección, sin aportes, cobertura de riesgos del trabajo, vacaciones pagas ni licencias, por lo que el ingreso laboral se convierte en una fuente complementaria pero también más inestable. Las dificultades para obtener una jubilación suficiente no comienzan necesariamente cuando llega la edad de retiro, sino que también reflejan desigualdades acumuladas durante la vida laboral.
El informe de la UNDAV expone una realidad preocupante que afecta a una porción creciente de la población adulta mayor, obligada a reinsertarse en un mercado laboral precario para compensar la pérdida de poder adquisitivo de sus jubilaciones, mientras que la informalidad y el endeudamiento se consolidan como las principales vías de supervivencia para quienes ya deberían estar en condiciones de descansar después de una vida de trabajo.

