“Realizar un estudio que parta del espectro para determinar lo que vería el ojo humano me parece una intersección fascinante entre la física y la biología”, escribió Kim en un correo electrónico. “Me encanta que algunas nos parecerían verdes si estuvieran lo suficientemente cerca como para verlas, y resulta aún más curioso que otras se verían de color rosa”.

Burgasser añadió que el sistema de categorización del estudio, basado en temperaturas y propiedades atmosféricas, podría resultar útil para el campo de investigación en el futuro.

“Algunas cosas son de un tono rosa violáceo y otras eran verdosas y azules; y ese tipo de clasificación —que, por cierto, hacemos todo el tiempo en astronomía, es decir, clasificar las cosas— nos permite centrarnos en por qué estos tipos de objetos tienen estos colores y si están relacionados entre sí en función de su composición”, explicó Burgasser. “Tenemos esa información en otras formas, pero creo que esta quizá sea una manera simplificada de organizar esos datos”.

A continuación, Hollands planea seguir analizando más espectros de estrellas enanas blancas, ya que los avances en las técnicas científicas permitirán a los investigadores observar un nuevo grupo de estrellas que se encuentran aún más lejos de la Tierra.

“Conocemos enanas blancas de las que no tenemos espectros —señaló—, pero eso está a punto de cambiar, ya que hay varios estudios espectroscópicos” que comenzarán a proporcionar datos.

“La cantidad de enanas blancas de las que tenemos espectros aumentará diez veces”, explicó Hollands. “Así que quizá, si tenemos suerte, pasaremos de una o tal vez dos enanas blancas verdes a 10 o 20”.