Aprender a reconocer nuestras emociones, atravesarlas y volver a nosotros mismos
Vivimos en una época en la que muchas veces se nos pide estar bien, ser fuertes, mantener una actitud positiva y seguir adelante. Pero la realidad emocional es mucho más compleja: hay días de alegría, de tristeza, de miedo, de enojo, de incertidumbre y también de calma.
Todas esas experiencias forman parte de nuestra vida.
Por eso, hablar de elegancia emocional no significa aprender a esconder lo que sentimos, sino desarrollar la capacidad de reconocer nuestras emociones y decidir qué hacer con ellas.
No existen emociones buenas o malas
Durante mucho tiempo aprendimos a clasificar las emociones como “positivas” o “negativas”. Sin embargo, una mirada más amplia nos permite comprender que las emociones cumplen una función.
La tristeza puede hablarnos de una pérdida o de algo que necesitamos procesar.
El miedo puede advertirnos de un peligro.
La bronca puede mostrarnos que sentimos que un límite fue atravesado.
La ansiedad puede señalar que estamos preocupándonos excesivamente por algo que todavía no ocurrió.
La alegría nos conecta con aquello que disfrutamos y valoramos.
La emoción trae información. Lo importante es aprender a escucharla.
El problema no es sentir. El desafío está en qué hacemos con aquello que sentimos.

Entre lo que siento y lo que hago existe un espacio
Una de las herramientas más importantes de la autorregulación emocional consiste en aprender a crear una pausa.
Cuando aparece el enojo, por ejemplo, podemos reaccionar impulsivamente, decir palabras que después lamentamos o tomar decisiones desde ese estado emocional.
Pero también podemos detenernos y preguntarnos:
¿Qué estoy sintiendo?
¿Qué provocó esta emoción?
¿Qué necesito en este momento?
¿Cómo puedo expresarlo sin lastimarme ni lastimar a otra persona?
Esa pausa puede cambiarlo todo.
Porque sentir una emoción no nos obliga a actuar inmediatamente desde ella.
Volver al centro
Volver al centro no significa dejar de sentir ni intentar estar tranquilos todo el tiempo.
Significa recuperar nuestro equilibrio después de atravesar una situación emocional intensa.
Podemos imaginar que dentro de nosotros existe un espacio de calma al que podemos regresar. Las emociones pueden aparecer como olas: algunas pequeñas y otras muy intensas. No podemos evitar todas las olas, pero sí podemos aprender a atravesarlas.
Podemos estar tristes y seguir siendo nosotros.
Podemos sentir miedo y continuar avanzando.
Podemos estar enojados y elegir no agredir.
Podemos sentir ansiedad y buscar herramientas para regularnos.
La emoción está en nosotros, pero no define quiénes somos.
La metáfora del objeto de luz
Una propuesta sencilla para trabajar la autorregulación es imaginarse como un objeto de luz.
Cuando llega la tristeza, esa luz sigue ahí.
Cuando aparece la bronca, sigue ahí.
Cuando sentimos miedo, incertidumbre o angustia, nuestra luz interior no desaparece.
Podemos atravesar momentos difíciles sin olvidar que somos mucho más que aquello que estamos sintiendo en ese instante.
“No necesito apagar mis emociones para volver a iluminarme.”
Esta mirada nos invita a tratarnos con mayor paciencia y compasión.

La verdadera elegancia emocional
Quizás la verdadera elegancia emocional aparezca cuando dejamos de luchar contra lo que sentimos y comenzamos a preguntarnos qué necesita esa emoción de nosotros.
No se trata de controlar todo.
No se trata de sonreír cuando queremos llorar.
No se trata de ser positivos permanentemente.
Se trata de poder decir:
“Estoy sintiendo esto, lo reconozco, lo escucho y voy a decidir cómo responder.”
Porque la madurez emocional no consiste en no desbordarnos nunca. Consiste también en aprender a volver a nosotros después del desborde.
Sentir.
Respirar.
Pausar.
Escuchar.
Elegir.
Y volver al centro.
Una invitación para hoy
La próxima vez que aparezca una emoción intensa, antes de preguntarte “¿cómo hago para que esto desaparezca?”, probá preguntarte:
¿Qué me está queriendo decir esta emoción?
Quizás allí comience una relación diferente con vos mismo.
Porque sentir no es perder el control. Aprender qué hacer con lo que sentimos es una forma de cuidarnos.
LILIANA CHARON
Consultora Psicológica – Psicóloga Social
Especialista en Terapia Gestalt
Especialista en Duelo
Téc. en Acompañamiento Terapéutico
