“Sacá un turno y vení en la semana”, recuerda Víctor Díaz que le dijo el médico que lo recibió en el hospital rural de Epuyén. No era día de atención. Y así lo hizo ese primer domingo de noviembre de hace ocho años. Aunque los síntomas que venía atribuyendo a un resfrío común habían empeorado desde la madrugada, pidió un turno para la semana. El médico, que al mes firmaría el primer comunicado oficial sobre el brote epidémico de hantavirus en esa localidad de Cushamen, en Chubut, ni siquiera sospechó que ese paciente que estaba dejando ir sería el primer caso a partir del que se investigaría el mayor brote de esa enfermedad en el país.
Hoy, a partir de los casos en el crucero MV Hondius y el despliegue sanitario en más de una decena de países para ir limitando la transmisión del virus Andes Sur –el único conocido al momento que puede pasar de persona a persona–, el mundo mira lo que sucedió y cómo se trabajó en Epuyén y alrededores de la comarca andina en 2018-2019 para contener una enfermedad que diezmó familias y causó discapacidad en sobrevivientes.
Esperan, también, respuestas de la investigación epidemiológica y ambiental local: el buque de exploración polar de la naviera holandesa Oceanwide Expeditions partió el 1 de abril del puerto de Ushuaia con una pareja de neerlandeses a bordo que fueron los primeros en tener síntomas en altamar a partir de los seis días siguientes.
En los más de cuatro meses desde que Leo y Mirjam Schlperoord-Huisman, oriundos de Haulerwijk, Países Bajos, ingresaron al país, recorrieron también Chile y Uruguay. El último tramo conocido de su itinerario, más próximo a embarcar en el puerto de Ushuaia, de donde zarparon, incluye el cruce por tierra a Uruguay el 13 de marzo para regresar a la Argentina el 27 de ese mes y seguir camino hacia Ushuaia. El hantavirus tiene un período de incubación de entre una o dos semanas hasta ocho (el promedio es 18 días).
Hace seis años, el brote de Epuyén dejó 34 casos confirmados y 12 fallecidos en Chubut, Río Negro y una localidad de Chile. En aquel momento, como otros vecinos, Víctor Díaz –a quien se lo consideró inicialmente el caso cero para seguir la cadena de transmisión- aceptó hablar con LA NACION para una reconstrucción periodística de las primeras semanas de incertidumbre en Epuyén y las localidades vecinas hasta la llegada de profesionales del laboratorio nacional de referencia para hantavirus e insumos.

“Los médicos me decían que no era contagioso”, recordó al repasar la información que recibió durante la internación en el hospital de Esquel, a la semana de la primera consulta cuando le pidieron que volviera con un turno. “Andaban todos sin barbijo”, agregó el hombre que tenía 68 años y había trabajado más de 30 en una maderera de la zona. En ese momento, se dedicaba ya a reparaciones en su casa, donde criaba algunas ovejas y gallinas. Negó gran parte de lo que se dijo sobre él: no era changarín, leñador ni recolector de hongos.
Ahora, con 74 años, activo en su terreno en las afueras de Epuyén y junto con sus perros que lo acompañan a donde va, relató a la agencia AFP cómo sobrevivió no solo al hantavirus, sino también al Covid y los incendios que afectaron el bosque patagónico donde vive. “Es una, otra y otra”, bromeó. Sobre la infección por hanta, repasó: “Empezó como un decaimiento. No tenía ganas de comer. Y me empezó a salir como una mancha morada. Ese mismo día, perdí el conocimiento”.
El brote a bordo del MV Hondius le recuerda a todos esos vecinos lo vivido hace ocho años. Entonces, las consultas en los hospitales locales se multiplicaban y pacientes con síntomas “sospechosos” recibían un “seguimiento ambulatorio”. El primer parte diario del Ministerio de Salud provincial sobre el brote fue del 7 de diciembre de 2018. Dos días después de la declaración oficial de brote epidémico y uno de que un funcionario del Ministerio de Salud de Chubut se reuniera por primera vez con los vecinos que ya se habían autoconvocado a través de grupos de WhatsApp frente a la municipalidad para pedir información y saber qué medidas de prevención tomar.
