Apenas terminó el partido se desató la locura. La Costanera de Posadas se convirtió en el epicentro de la fiesta misionera, con caravanas de autos y motos que recorrieron la avenida de punta a punta, bocinazos sin parar, banderas argentinas y bombos que marcaron el ritmo de toda la noche.
La celebración tuvo un condimento particular: fueron muchas las familias que se acercaron con chicos y hasta con los más chiquitos disfrazados de Messi, en una escena que se repitió en distintos tramos de la Costanera. Entre abrazos, lágrimas y algarabía, generaciones enteras compartieron la misma euforia por el pase a la final.

El cántico que no faltó en ningún grupo fue el clásico “el que no salta es un inglés”, coreado una y otra vez por los hinchas que se cruzaban entre las caravanas. La escena se repitió de punta a punta de la avenida, con bocinazos, banderas al viento y el pueblo misionero abrazado en pleno festejo.
Las caravanas cubrieron prácticamente toda la extensión de la Costanera, desde la zona del Anfiteatro hasta las inmediaciones del puente Posadas-Encarnación, con bocinazos que se escuchaban incluso del lado paraguayo.
Vecinos sacaron mesas a la vereda para no perderse nada del clima de fiesta, mientras otros treparon a los techos de los autos para ver mejor el paso de las caravanas.
La caravana se extendió hasta la madrugada y más de uno no durmirá esta noche celebrando el pase a la final.
La previa de la final ya se palpita
Con la clasificación confirmada, la ciudad ya empieza a mirar al domingo. Bares y comercios de la zona anticipan una convocatoria aún mayor para la definición ante España, que se jugará en Nueva York a las 16 (hora argentina).

