Granola: un alimento “saludable” que preocupa a los cardiólogos

No hace falta que sea un producto ultraprocesado para que un alimento represente un riesgo para el corazón; los hay también entre los que se venden como “saludables”, especialmente cuando esa imagen no refleja lo que hay dentro del envase. Por caso, la granola —instalada en el imaginario colectivo como desayuno nutritivo— acumula advertencias de especialistas en cardiología que, según recogió la revista Parade, cuestionan la brecha entre su reputación y su composición real.

La granola tiene un halo de salud que la presenta como un alimento beneficioso por ingredientes como nueces, avena y semillas. Sus envases incluyen frases como ‘completamente natural’ o ‘grano entero’, lo que lleva a muchos consumidores a asumir que se trata de una opción sana”, señaló el doctor Majid Basit, cardiólogo del Memorial Hermann Medical Group. Sin embargo, añadió, “hay más en esta historia de lo que los fabricantes quieren que sepas.

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Granola de supermercado: tan dulce como una galleta

Para el doctor Cheng-Han Chen, cardiólogo intervencionista y director médico del Structural Heart Program del MemorialCare Saddleback Medical Center, las versiones más procesadas —en particular las barras— concentran los problemas en mayor medida, aunque las presentaciones sueltas también generan dudas. La doctora Sheila Sahni, cardióloga intervencionista de Hackensack Meridian Health, va más lejos: según describió, muchas granolas comerciales como “galletas desmenuzadas disfrazadas”, por su contenido de azúcares añadidos, grasas saturadas y densidad calórica.

Mano que sostiene una barra de cereales y frutos secos envuelta en plástico transparente con una banda negraLas granolas de supermercado, en especial las barras, pueden concentrar azúcares añadidos, grasas saturadas y una alta densidad calórica (Imagen Ilustrativa Infobae)

Por su parte, el doctor Patrick Kee, cardiólogo de Vital Heart & Vein, enumera los mecanismos concretos por los que este producto puede afectar la salud cardiovascular:

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  1. El primero es el azúcar. Para lograr el agrupamiento característico de la granola, muchas recetas incorporan jarabes de maízarce o agaveUna taza puede contener hasta 24,2 gramos de azúcar total. Según la Asociación Americana del Corazón (ACA), las mujeres no deberían superar los 25 gramos diarios de azúcar añadida, y los hombres, los 36 gramos. “Un consumo elevado de azúcar se asocia a inflamación crónica y aumento de triglicéridos, lo que acelera la acumulación de placa en las arterias”, explicó Kee. Además, puede agravar la diabetes tipo 2 o incrementar el riesgo de desarrollarla —una condición que, a su vez, es factor de riesgo cardíaco.
  2. El segundo problema es la grasa. Para darle textura crujiente, numerosas marcas recurren al aceite de coco o de palma, ambos ricos en grasas saturadas, que elevan los niveles de colesterol LDL —el denominado “malo”—. Una porción de una taza puede aportar alrededor de 1,5 gramos de grasas saturadas, aunque algunas variedades superan esa cifra. La ACA recomienda no exceder los 13 gramos diarios.
  3. El tercer problema es el sodio. Sahni advierte sobre lo que llama el “sodio silencioso”: la sal que los fabricantes añaden para equilibrar el dulzor. “El exceso de sodio es un contribuyente directo a la hipertensión, principal factor de riesgo de accidente cerebrovascular e infarto”, sostuvo.
  4. Por último, está la densidad calórica. Basit señala que incluso porciones pequeñas pueden superar las 300 calorías, por el peso combinado de aceites y endulzantes. El consumo sostenido puede derivar en obesidad y en las condiciones asociadas: diabetes, presión arterial alta y colesterol elevado.
Una cuchara llena de granola con avena y semillas, sostenida sobre una superficie de mármol con terrones de azúcar al fondoEl consumo elevado de azúcar en la granola se asocia con inflamación crónica, aumento de triglicéridos y mayor riesgo cardiovascular (Imagen Ilustrativa Infobae)

Qué tener en cuenta al comprar granola

Los especialistas coinciden en que no es necesario eliminar la granola de la dieta, pero sí leer el etiquetado con atención. Kee recomienda buscar variedades con no más de 5 a 7 gramos de azúcar añadida por porción, y descartar aquellas en las que el azúcar —o sus equivalentes, como el jarabe de arroz integral— figure entre los tres primeros ingredientes.

La presencia de avena integral es una señal positiva: contiene beta-glucano, una fibra que contribuye a bajar el LDL. Sahni sugiere priorizar granolas con al menos 5 gramos de fibra por porción. Incorporar nueces y semillas también suma valor nutricional: aportan grasas insaturadas y antioxidantes que ayudan a reducir la inflamación y a mejorar la función de los vasos sanguíneos, según Basit.

En cuanto a la grasa, Kee aconseja evitar el aceite de coco y de palma, y optar por versiones elaboradas con aceite de oliva o con las grasas naturales presentes en los propios frutos secos. Chen, por su parte, subraya que combinar la granola con yogur, leche o avena permite integrarla en una dieta equilibrada, siempre que se respeten las porciones indicadas en el envase.