Las jornadas de lluvia y humedad aumentaron la necesidad de lavar y secar ropa fuera de casa, aunque los comerciantes advierten que la situación económica redujo la frecuencia con la que algunos clientes utilizan el servicio. Los precios varían según el establecimiento y el tipo de prenda, mientras que los acolchados y la ropa de uso cotidiano concentran buena parte de los pedidos.
Las lavanderías y tintorerías de Posadas atraviesan un escenario marcado por dos factores que inciden directamente en la actividad: las condiciones climáticas y el contexto económico. Mientras los períodos de lluvia y humedad llevan a más personas a buscar alternativas para secar sus prendas, los comerciantes también observan cambios en los hábitos de consumo y una mayor preocupación por los gastos cotidianos.
Claudia, de Il Gatto Tintorería y Lavandería, ubicada sobre calle Colón 1570, señaló que durante este año registraron un incremento en la demanda, especialmente por las dificultades para secar la ropa en los hogares. “Este año hubo mucha más demanda, ya empezamos con el tema de las lluvias hace un par de meses y la humedad que hay, mucha demanda. A las personas no se les seca la ropa en la casa, así que tenemos mucha demanda del tema de lavandería”, explicó.
Sin embargo, el movimiento no es igual durante todo el año ni responde únicamente al clima. La comerciante indicó que la tintorería mantiene una actividad más estable, mientras que el lavado de acolchados también ganó protagonismo durante los últimos meses, en parte por la necesidad de limpiar prendas de abrigo y ropa de cama.
“Lo que es tintorería sí, bastante parejo, tiene sus meses en los que hay más trabajo, en los meses más fríos o cuando hay más acontecimientos, por el tema de los sacos y los acolchados. La verdad que este año los usamos más, creo que todos, así que todo lo que sea acolchado se está lavando mucho más”, sostuvo Claudia.
La lluvia aumenta los pedidos, pero el movimiento cambia con el clima

Desde la Lavandería Cami, ubicada sobre calle Alberdi 875, José Aníbal De Lima también observó que las dificultades para secar las prendas en las viviendas favorecen la llegada de clientes. Según señaló, durante las jornadas lluviosas reciben ropa de distintos tipos, además de colchas y otras prendas voluminosas que necesitan lavado y secado.
“La gente está viniendo porque dice que no seca la ropa, lava pero no seca, y bueno, traen ropa, traen colchas, de todo tipo de ropa traen para secar y lavar también. Dentro de todo se trabaja, gracias a Dios hay trabajo, aunque las cosas están complicadas para todos los rubros”, expresó.
No obstante, la situación es diferente cuando se acumulan varios días de buen tiempo y disminuye la humedad. Darío Giménez, de Lavandería y Tintorería Alfa, ubicada sobre calle Córdoba 1335, explicó que en esos períodos se reduce la cantidad de pedidos, una variación que se suma a la caída general de la actividad que percibe en comparación con años anteriores.
“Comúnmente, cuando llueve mucho o hay mucha humedad, la gente requiere mucho nuestro servicio, porque no se seca la ropa, empieza a agarrar olor y esas cosas. En cambio, cuando hay semanas de sequía, que no llueve y no hay tanta humedad, baja la cantidad de clientes, y en estos tiempos, que está medio difícil, se nota todavía más”, afirmó.
Giménez estimó que durante los períodos secos el movimiento puede caer entre un 30% y un 40%. Además, consideró que el rubro registra una disminución cercana al 30% respecto de años anteriores, una situación que vinculó principalmente con las dificultades económicas de los hogares.
La situación económica y el movimiento de las lavanderías

El impacto de la situación económica también se refleja en la frecuencia con la que los clientes recurren a estos establecimientos. De acuerdo con Giménez, algunas personas que antes llevaban sus prendas dos veces por semana ahora redujeron la cantidad de visitas, mientras que otras espacian los lavados para cuidar sus ingresos.
“Hay gente, clientela misma, que te viene y te dice que te traía dos veces a la semana y ahora te trae una o una cada dos semanas. Entonces ahí vos ya empezás a notar mucho la diferencia de la necesidad de la gente y qué es lo que necesita”, señaló el responsable de Alfa.
En el caso de la Lavandería Cami, De Lima también advirtió que algunos clientes dejaron de utilizar el servicio después de mudarse desde el centro hacia zonas más alejadas, donde cuentan con lavarropas en sus viviendas. El comerciante relacionó esos cambios con la necesidad de reducir gastos y administrar mejor el dinero disponible.
“Hay mucha gente que dejó de venir porque se va de acá del centro más afuera y, bueno, en la casa tiene su lavarropas y lava para economizar. No está fácil para todos, como todos cuidan su bolsillo”, explicó.
La situación, sin embargo, no es uniforme entre los establecimientos. Claudia destacó que Il Gatto registró un incremento de clientes en comparación con años anteriores y atribuyó parte de ese movimiento a una mayor presencia en redes sociales, además de la continuidad de quienes ya utilizaban el servicio habitualmente.
“Hubo un incremento de clientes este año, hubo un poco más, y ayuda también el tema de las redes sociales, porque las personas nos ubican más fácilmente. Pero seguimos manteniendo siempre a nuestros clientes fieles”, indicó.
En la misma línea, una comerciante que trabaja en una lavandería del centro de Posadas señaló que el contexto económico también se refleja en la cantidad de clientes que concurren durante algunos meses. Según explicó, quienes más redujeron el uso del servicio fueron las personas de mayor poder adquisitivo, mientras que los clientes de clase media continúan llevando sus prendas para lavar.
Los turistas y los clientes habituales sostienen parte de la actividad

Más allá de las variaciones climáticas y económicas, las lavanderías también encuentran una fuente de trabajo en los turistas y en los comercios que necesitan servicios de lavado durante todo el año. La ubicación en el centro de Posadas favorece especialmente a los establecimientos que reciben prendas de huéspedes alojados en hoteles o de personas que recorren la provincia.
Claudia explicó que Il Gatto mantiene una demanda vinculada con el turismo durante todas las temporadas, incluidos los viajeros que se desplazan en motorhomes y necesitan lavar sus prendas durante el recorrido. “El tema de los turistas está todo el año, este año bastante también, porque acá en Misiones se usa más la ropa y muchos de los que están en motorhome vienen acá”, comentó.
La tintorería también trabaja con hoteles cuyos huéspedes necesitan disponer de sus prendas en poco tiempo. Según Claudia, el establecimiento ofrece un servicio en el día para responder a esas necesidades, con la posibilidad de dejar la ropa por la mañana y retirarla durante la tarde.
Una situación similar describió De Lima, quien señaló que en Cami reciben a viajeros de distintos países y mantienen clientes comerciales que requieren servicios de manera periódica. Entre ellos mencionó peluquerías y restaurantes, además de establecimientos que necesitan lavar mantelería y prendas utilizadas durante eventos.
“Los clientes fijos siguen, porque tienen mantelería, hacen una fiesta, después viene la recepción y así. Siempre hay trabajo, más si tenés clientes fijos, como peluquerías y restaurantes”, explicó el comerciante.
Por su parte, Giménez indicó que Lavandería y Tintorería Alfa también trabaja con hoteles del centro, que suelen enviar prendas cuando necesitan resolver un lavado con urgencia. Esa demanda permite sostener parte de la actividad incluso cuando disminuyen los pedidos particulares.
Cuánto cuesta lavar ropa y acolchados en Posadas
Los precios relevados en los tres establecimientos presentan diferencias según la cantidad de prendas, el tamaño de los acolchados y el tratamiento que requiere cada material. En algunos casos, los comerciantes ofrecen canastos con una cantidad determinada de ropa, mientras que las prendas voluminosas se cobran por unidad.
En Il Gatto, Claudia indicó que el canasto de 10 prendas cuesta $14.000, mientras que el lavado de acolchados parte de los $28.000 y puede llegar aproximadamente a los $40.000, según el tamaño y el relleno. Los acolchados de pluma, por ejemplo, requieren un tratamiento de limpieza diferente.
En Lavandería Cami, De Lima explicó que el canasto cuesta $12.000 e incluye entre 12 y 15 prendas livianas, siempre que puedan lavarse juntas. En cuanto a los acolchados, los precios comienzan en $18.000 para los más pequeños y pueden alcanzar los $30.000 para las piezas más grandes y gruesas.
En tanto, Lavandería y Tintorería Alfa mantiene los mismos valores que el año pasado, según detalló Giménez. La docena de prendas cuesta $10.000 con lavado y secado incluidos, mientras que los acolchados se cobran $20.000 por unidad.
Cómo evitar el olor a humedad en la ropa
Ante la continuidad de los períodos lluviosos, los comerciantes recomendaron evitar que las prendas permanezcan húmedas durante demasiado tiempo, ya que el olor que se genera puede resultar difícil de eliminar. También aconsejaron favorecer la circulación de aire en los ambientes y buscar alternativas para acelerar el secado dentro de las viviendas.
Claudia señaló que una de las principales dificultades aparece cuando los clientes acumulan ropa húmeda durante varios días. “El tema es no acumular mucha ropa, porque por ahí se humedece y después a las personas les cuesta sacarle el olor a humedad, que siempre es lo que más les cuesta a quienes nos traen las prendas. En general, hay que mantenerla aireada”, recomendó.
Giménez, por su parte, sugirió utilizar ventiladores o caloventores para favorecer el secado cuando se lava ropa en el hogar, siempre con las precauciones de seguridad correspondientes. También advirtió que el olor puede persistir incluso después de un lavado, dependiendo del tipo de tela y del tiempo que las prendas hayan permanecido húmedas.
“Nos han traído ropa y la gente nos dice: ‘Mirá, me agarró la humedad, me agarró el olor’. Por más que vos le metas producto, el mejor producto, igual cuesta sacarlo, depende de la tela y esas cosas”, concluyó.
La actividad de las lavanderías posadeñas, de esta manera, combina períodos de mayor demanda asociados a las condiciones climáticas con un consumo que, según algunos comerciantes, se volvió más selectivo por el contexto económico. Mientras la lluvia y la humedad representan una oportunidad para determinados servicios, la continuidad de los clientes habituales y los acuerdos con comercios y hoteles resultan importantes para sostener el trabajo durante los meses de menor movimiento.
Fuente: MisionesOnline
