PISA: preocupación por el bajo desempeño de estudiantes argentinos en comprensión lectora

Tras conocerse los peores resultados históricos del país en la evaluación internacional, referentes del sector educativo analizaron las causas de la caída. Apuntaron a problemas estructurales, la falta de políticas sostenidas y el impacto de las pantallas en las aulas.

Los resultados de las pruebas PISA 2025 volvieron a encender las alarmas en la comunidad educativa argentina. Los estudiantes de 15 años retrocedieron en Matemática, Lectura y Ciencias respecto de la edición de 2022, lo que consolidó una tendencia de deterioro que arrastra casi dos décadas. El dato más preocupante se registró en Matemática, donde el 76% de los alumnos no alcanzó el nivel mínimo de desempeño. Lejos de ser una sorpresa, los especialistas del sector señalaron que este escenario refleja la falta de políticas activas y un sistema que no logra garantizar los aprendizajes más elementales.

El exrector del Colegio Nacional de Buenos Aires, Gustavo Zorzoli, analizó el retroceso y apuntó contra la inacción de las sucesivas gestiones: “En matemática no se ha hecho mucho en términos de pensar políticas activas que traten de torcer esta tendencia”. Para el docente y especialista, el resultado era previsible debido a la falta de reformas de fondo en las aulas. En ese sentido, se preguntó: “¿Por qué iba a cambiar esta tendencia si no ha habido en los últimos diez años nada que haga pensar que pusimos a prueba un modelo nuevo o un programa diferente para tener resultados mejores?”.

La falta de aprendizaje convive con una mayor permanencia de los jóvenes en las instituciones, lo que expone una contradicción severa en el nivel secundario. Zorzoli describió este panorama con crudeza: “Tenemos más chicos en la escuela que aprenden cada vez menos”. El docente explicó que la institución escolar falló en asegurar los saberes más indispensables para la vida cotidiana y el trabajo. Al respecto, remarcó: “La escuela argentina hoy no enseña las cuestiones básicas”.

Desigualdad y problemas estructurales en el aula

Por su parte, Martín Nistal, director del Observatorio de Argentinos por la Educación, coincidió en la gravedad del diagnóstico y remarcó la persistencia de la caída en el tiempo. El investigador advirtió que “desde 2009, Argentina viene empeorando de forma sostenida en sus resultados de Matemática y lamentablemente esta vez no fue la excepción”. Ante este escenario, el especialista planteó que la educación pública debe recuperar su rol de igualadora social: “La escuela pública en particular tiene que servir como motor de cerrar las brechas, independientemente de dónde vengan los chicos”.

La investigación académica también sumó su mirada sobre las condiciones de enseñanza y el contexto social que rodea a las escuelas. Sandra Ziegler, investigadora y secretaria académica de FLACSO, detalló que el deterioro responde a factores que exceden lo estrictamente escolar, como la pobreza y la fragmentación del sistema. La especialista advirtió sobre un fenómeno reciente en la dinámica de las aulas y señaló “un debilitamiento del tiempo y la intensidad del trabajo escolar sobre aprendizajes fundamentales”.

Ziegler también se refirió al rol de las familias y del entorno en la creación de hábitos de lectura, aunque aclaró que el Estado no puede desentenderse de esa tarea en un contexto de alta vulnerabilidad. Para la investigadora, la escuela debe convertirse en el espacio central de contención y aprendizaje: “Contar cuentos, leer carteles en la vía pública, conversar sobre algo leído produce estímulos muy significativos”.

Y cerró con una propuesta concreta para revertir la situación desde las aulas:

“La escuela tiene que funcionar como una verdadera usina de lectura”.

El impacto de las tecnologías y el perfil de los alumnos

El debate sobre el uso de los celulares y la distracción en el aula también formó parte del análisis de los expertos. Los cuestionarios de contexto de la prueba revelaron que el 55% de los estudiantes argentinos se distrae con dispositivos electrónicos durante las clases. Esta realidad afecta la capacidad de concentración y la lectura de textos largos, un obstáculo que se evidenció en el crecimiento de los denominados “lectores apresurados”, quienes responden rápido pero de forma incorrecta.

El especialista español Jorge Galindo, director del Centro de Políticas Económicas EsadeEcPol, analizó el impacto tecnológico y propuso una analogía para incorporar las herramientas digitales sin anular el esfuerzo de los alumnos: “Las tecnologías digitales bien usadas en el aprendizaje, deben ser como una cinta de correr cuya velocidad y pendiente se ajustan a cada estudiante”.